Artículo de Laura Isola acerca de la exposición "Deira, 1967-1977" publicado en el diario Perfil

"Diez años que estremecieron el arte" / Laura Isola / Sección Cultura Diario Perfil | 18 de Julio de 2010

CULTURA
ERNESTO DEIRA EN JACQUES MARTINEZ
Diez años que estremecieron al arte

Jacques Martínez presenta una muestra del artista argentino Ernesto Deira que abarca desde 1967 a 1977, y lo hace considerando que esta obra todavía es poco conocida y aún no ha conseguido su merecido reconocimiento. Son piezas difíciles y densas, de enorme riqueza plástica, muchas veces enigmáticas o cargadas de significación, que conmueven y nos remontan a aquella década llena de acontecimientos políticos marcados por la violencia.                                                                                

Por Laura Isola


‘Memoria de Grunewald’. 230 x 300 cm, acrílico sobre tela (1967). Un cuadro homenaje a la crucifixión de Grünewald en el altar de Isenheim.


De los Fab Four, el grupo que creó Otra Figuración en los años 60, Felipe Noé, Rómulo Macció, Jorge de la Vega y Ernesto Deira, es este último el que todavía se mantiene en proceso de descubrimiento. No tanto porque su obra no sea conocida ni él mismo sea un artista oculto, sino porque hace falta verla y mirarla mucho más. Y para empezar a pensar de este modo, en esta hipótesis sobre qué significan las condiciones de visibilidad de un pintor como Deira, la retrospectiva de su obra que se realizó en 2006 en el Museo de Bellas Artes es fundamental. El catálogo, una reverberación perfecta de esa exposición, despliega un arco exhaustivo en las posibilidades de aprehender al autor de Homenaje a Vietnam (1966). Va de lo emotivo hasta lo intelectual, siempre con lo estético en el primer plano. Allí, en esos textos y en esas imágenes, a partir de las hipótesis de María José Herrera, Mariana Marchesi, entre otras notables investigaciones, se puede mirar, mejor dicho, enseñan a mirar a Deira.
Algo del orden de lo entrañable y pedagógico, al mismo tiempo, vuelve a ocurrir en la muestra Deira 1967-1977 que se exhibe por estos días en la galería Jacques Martínez. No sólo porque es la tercera vez que Martínez se involucra con las obras de Deira –las muestras anteriores son de 1988 y 2002–, sino porque insiste, con evidente razón, que ese período es determinante para comprender cuál era para Deira el intento de un pintor. “Uno intenta llegar a hacer lo que no sabe” fue su memorable respuesta y su incansable busca.
El decenio que se recorta para plantear la muestra es notable en cuanto a su producción y reconocimiento en el mundo del arte. En 1967 gana el Premio Palanza, y ese mismo año exhibe en Bonino. Al año siguiente presenta los Rollos desenrollados en la Galería El Taller, y en 1971 la Serie Identificaciones en la galería de su amiga Carmen Waugh. Al mismo espacio que volvió en 1976, con Imágenes de La Pasión. El exilio de Ernesto y Lucy Deira comenzó por esos años y la ciudad fue París. La misma en la que murió de cáncer en 1986.
Pintar la violencia. Por el corpus y las fechas, es imposible desconocer el sentido político de las obras. La violencia de la guerra y los golpes militares se dejan ver en alguna de ellas menos como argumento que como un contexto que está pujando por entrar a los cuadros.
Pero lo más interesante de Deira, en muchas de estas obras, es cómo logra dejar afuera los acontecimientos históricos para evocarlos en un sentido plástico y artístico. La cabezas cadavéricas, los fondos negrísimos, las líneas que se ondulan y parecen inacabadas, hablan más y mejor de la violencia que si se pintaran explícitamente los acontecimientos. Deira sacude e impacta directamente en la forma pictórica y no necesita tanto del referente para dar cuenta de él.
Volver a verte. Se decía que cuánto más se lo mire, Deira más aparece, y esto se puede llevar al extremo en esta ocasión. La compleja muestra que presentó en Bonino en 1967, una especie de instalación envolvente con sus propias telas, incluía Memoria de Grünewald, el cuadro homenaje a la crucifixión de Grünewald en el altar de Isenheim. Esa obra, que parecía perdida, hoy está colgada y en proceso de restauración. Perder y encontrar, a veces perder solamente, es una de las consecuencias, quizá las menores, del exilio y la persecución. Sin embargo, hay objetos que se resisten a todo. Enrollado y al acecho, esta tela maravillosa y tan evocadora, estaba esperando el momento preciso de aparecer en escena.


Deira 1967-1977
De lunes a viernes de 14 a 20 hs.
Hasta el 31 de julio.
Galería Jacques Martínez, Av. de Mayo 1130 - 4to G.
Entrada gratuita.