Lo figurativo y lo abstracto- El ejemplo de Laham por Bandin Ron

Revista Pluma y Pincel | 23 de Noviembre de 1976

Lo figurativo y lo abstracto
El ejemplo de Laham
Poco proclive a distraerse con la atención que exige la promoción y permanentemente abstraído, en cambio, en el proceso evolutivo de su obra, Ricardo Laham es, sin lugar a dudas, un espíritu singular y esforzado dentro del panorama más reciente de nuestra pintura.
Contar con la oportunidad de apreciar en forma ordenada su trabajo de estos últimos años y embarcarse en el intento de redescubrir y relacionar las diversas etapas que condujeron a su búsqueda y a sus imágenes actuales, es una empresa tan vivificante como ímproba. Pintor de no más de doce a quince telas anuales, su única preocupación consiste en el análisis y el desarrollo de los elementos visuales, verdaderos signos, que surgen a su inquietud en su diario trabajo de taller. Infinitos dibujos, que van desde los pequeños apuntes del tipo de los que reproducimos en esta nota, hasta manchas de color y otros bocetos más limpios que son, en realidad, obras acabadas.
En el transcurso de ese paulatino tratamiento de un determinado elemento visual, Laham ha de experimentar emociones equivalentes a las que lo acompañan en la posterior conclusión de la obra. Verdaderas travesías espirituales de un auténtico creador de signos y señales.
Laham es, en alguna medida, un francotirador dentro de una generación de pintores que en su gran mayoría se hayan trabajando dentro de corrientes figurativas. En una conversación que sostuvimos en su taller no hace muchos días, me comentaba algo al respecto:"Poco importa la tendencia a través de la cual uno se exprese, sea figurativa o abstracta. La pintura es básicamente un sistema de combinación de formas y colores, y a partir de ello sólo importa que lo que uno realice se encuadre dentro del campo de la creación, que no sea una simple repetición de cosas dichas y que se constituya en un aporte real, una experiencia personal que sirva en definitiva, al proceso general del arte. Nuestra actitud frente a cualquier obra, ya sea figurativa o abstracta, debe ser la misma; tanto si lo representado es una cabeza o un cubo".
Estas opiniones de Laham, que comparto en su totalidad, nos introducen en el confuso campo de la apreciación del arte. Lamentablemente hay todavía muchos mentirosos que sólo contribuyen a complicar aún más las cosas, pero sería importante empeñar el mayor esfuerzo en aclarar en algo este incierto panorama. Nada tiene que ver lo que es esencial en el arte ni con las tendencias, ni con los materiales utilizados, ni con la condición del artista, ni con lo nacional o internacional o universal, ni con otras tantas cosas que en general se ponen en consideración al juzgar una obra. El arte existe, se produce y se aprecia, trascendiendo lo inmediato; no ignorándolo sino analizándolo y comprendiéndolo para así acceder a lo que es esencial e importante.
"El observador necesita, por lo general, identificar las imágenes que el arte le presenta, o de lo contrario tiende a forzar una asociación entre esos signos misteriosos que enfrenta y algún elemento extraído de su realidad cotidiana. El mismo código visual que utilizamos para enfrentar a la naturaleza y al entorno físico dentro del que nos movemos sirve para acceder a la gran mayoría de las tendencias figurativas, en cambio, para la interpretación de una obra abstracta al espectador debe manejar códigos diferentes, adecuados a mundos diferentes. Indudablemente, la interpretación o la apreciación del arte abstracto requiere una mayor concentración, un período de observación que compense toda una tradición de artes figurativas".
La única pintura reproducida, pertenece a la serie en la que Laham trabaja en la actualidad. La desarrolla utilizando exclusivamente el blanco y el negro, y centraliza todo su esfuerzo en el logro de la expresión a través de la síntesis visual y conceptual de la evolución de determinadas unidades plásticas. La coherencia y la creatividad que rigen la evolución de la obra de Ricardo Laham son dignas de ser valoradas y alentadas con nuestra expectativa permanente.