Ricardo Laham
Realidad Interior/Exterior

Av. de Mayo - Del 22 de Junio al 21 de Julio de 2016

LAHAM EL ILUSIONISTA.

Por César Bandin Ron

 

Un puente de cuarenta años de extensión. Dos etapas que son una. Un péndulo que va de signos sobre un plano a una arquitectura espacial que nace y vive del aire. Ese mismo aire que en los 70 hacia girar molinetes y enormes ruedas chinas impulsadas por fuegos artificiales… o festejaba el cruce de rápidas autopistas, ahora se cuela por entre coloridas arquitecturas de azarosa perspectiva. Y siempre la magia está a cargo de Laham.
¡Miren cómo sostuvo en blanco y negro aquellas geometrías del comienzo, vean cómo se insinuaba el giro de las aspas de esos molinos y se gestaban los atemorizantes tornados; y cómo ahora estalla el color en estas laberínticas estructuras; cajas-balcones, cajas-ataúdes… desde las que no asoma nadie, en las que no hay plantas ni sombrillas; edificios deshabitados, ciegos senderos trazados en el aire, de hueco en hueco, en los que sugestivamente conviven la soledad de un Hopper y la extrañeza laberíntica de un Escher!  

El arte siempre propone un juego, al que el espectador debe prestarse. Cada obra nos invita: “¿Querés jugar?” Un juego que por momentos se torna dificultoso, angustiante. Al goce estético hay que merecerlo, exige un esfuerzo y una mente abierta: la obra a veces da trabajo. Hasta lo que parece simple, sin demasiados pliegues, exige también creatividad de parte del espectador, y puede llevarnos a un enriquecimiento inesperado y profundo.
Todo escenario de intercambio de roles, de transmisión de experiencias, de enriquecimiento a partir de una confrontación, plantea el asumir o no el ser participante de un juego determinado. La obra es el referente, el Maestro, y para que un Maestro pueda transmitir su tesoro debe haber alguien dispuesto a asumir el rol de alumno, de receptor. La obra de Laham puede restringirse, en la mirada de un testigo pasivo, a un simple juego de líneas y colores, pero ante un espectador ávido e inquisidor sus ejes pueden multiplicarse hasta el infinito.
Cada vez que enfrentes una obra intentá reflexionar sobre las posibles formas de abordaje, escogé entre sus más notorios y posibles núcleos y decidí a partir de cuáles se apoya y desarrolla y, a partir de allí, jugá a rehacer el camino que llevó al artista a resolver su obra. La experiencia puede resultar sumamente beneficiosa pero exige tomar partido desde un comienzo.
Por ejemplo: yo asumo un punto de vista y expreso: En los trabajos de Laham de los 70, se advierten claramente ejes de rotación y expansión, y a partir de allí surge el concepto de fuerzas circulares, ya sean centrífugas o centrípetas, y la presencia de “ese aire” que ya mencionáramos hace un rato… En el caso de los trabajos actuales, lo primero que se hace evidente es la idea de volumen que se sucede y desarrolla en ese aire, que en este caso tendría que ver con cierta brisa, que se entromete en los vericuetos que exponen las estructuras; fragmentos de arquitecturas, en algunos casos flotantes, que abren y cierran sus habitáculos, y que sirven de presentación del color, en algunos casos de particular viveza.
Como les dije: todo es un juego: en el que no importa tanto que uno acierte o no con la que estaba en la cabeza del artista en el instante de la concepción sino que uno se anime a concebir una posible “explicación” de lo que sucede en el ámbito de la obra.
El recordado crítico y poeta Aldo Pellegrini decía que todo movimiento o tendencia en el arte lleva en sus entrañas el germen de su propia negación… Del mismo modo, me arriesgo a agregar, que cada escuela, cada obra, es fuente de innumerables interpretaciones posibles. El rol de espectador no es pasivo, es creativo, y sólo nos llevara a un auténtico goce estético si somos capaces de arriesgar conceptos personales e inesperados.
Conozco a Ricardo Laham desde aquellos primeros años, y siempre valoré en él su seriedad y compromiso, tan infrecuentes en nuestros días. Su obra, a mi criterio, es ejemplo de lo que considero un requerimiento básico y excluyente en la tarea de todo artista: me refiero a la escueta fórmula que decreta “trabajo y honestidad”.


César Bandin Ron, junio de 2016.
 

Ver más material sobre Ricardo Laham en nuestra biblioteca

 

 

 

 

Realidad interior / exterior C4, acrílico sobre tela, 200x142 cm, 2015 (fragmento)

Realidad interior / exterior C5, acrílico sobre tela, 200 x 142 cm, 2015 (fragmento)

Realidad interior / exterior D4, acrílico sobre tela, 100x108 cm, 2015 (fragmento)

Realidad interior / exterior C3, acrílico sobre tela, 100x100 cm, 2015 (fragmento)

Realidad interior / exterior B2, acrílico sobre tela, 90x110 cm, 2016 (fragmento)


Muestras relacionadas